Danny Ainge: el GM que todos quisiéramos ser.

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Danny Ainge y el futuro de los Celtics

Somos muchos los aficionados al deporte y a los videojuegos. Incluso creo, la mayoría de nosotros, alguna vez hemos jugado alguna versión del FIFA,  NFL Madden, NBA Live o MLB. Los que aún somos más “viciosos”, hemos llegado a pasar horas por las noches y madrugadas intentando hacer potencias a nuestros equipos favoritos, escoger un equipo de la 4ta división inglesa y hacerlo campeón de la Champions League en 5 temporadas o hacer a los Browns un equipo de época. Vaya, un mundo irreal pero a fin de cuentas, desafiante.

Recuerdo muchas veces haber estado platicando con mis amigos con unos buenos tragos de por medio, expresándoles que mi trabajo ideal era ser dueño de una organización deportiva o ser el gerente general de algún equipo para así poder hacer realidad todas las locuras que en un videojuego me atrevo a hacer. O mejor explicado, ser una especie de Jorge Vergara o Roman Abramovich versión “chafa”. ¿Cuántos de ustedes no han pensado como yo? Creo que no sería el único.

La vida real, desafortunadamente, es MUY diferente.

Primero que todo, a muchos se nos puede llegar a olvidar que los jugadores son personas, y en muchos casos, ellos mismos son los que pueden tener el control de su futuro con cláusulas en sus contratos. En un videojuego, simplemente son objetos intercambiables que podemos traspasar un día y recuperarlos después.

De igual forma, existen factores externos a la relación Equipo/Jugador que pueden influir en decidir firmar un contrato o no hacerlo. La ciudad, el clima, la afición son ejemplos de ello. Casos como el de LeBron James, que está de vuelta en Cleveland, ciudad que está a escasos 65 kilómetros de su natal Akron, OH, Carmelo Anthony que está de vuelta en Nueva York, donde nació y desarrolló toda su vida, incluyendo College con la Universidad de Syracuse o sin olvidar la gran cantidad de futbolistas que prefieren Portugal, España e incluso Italia, en vez de las nubladas tardes de Inglaterra.

Son esos factores, entre muchos otros, los que hacen que los General Managers o directores deportivos (en el caso del fútbol) tengan quebraderos de cabeza a la hora de las negociaciones, sea el equipo que sea, lo que nos hace darnos cuenta que lo que hacemos en el FIFA o Madden no es tan sencillo como pareciera.

Los Boston Celtics no son la excepción. Cualquiera que tenga un mínimo gusto por el Basketball sabrá que son el equipo más ganador y quizá el más popular, junto a los Lakers, cosa nada sencilla debido al sistema de tope salarial que manejan las ligas deportivas en Estados Unidos. De hecho, es precisamente ese sistema lo que, en teoría, genera igualdad en todos los equipos en una competencia donde no existe el descenso. La explicación es relativamente fácil: Entre peor quedes clasificado, mayor será tu oportunidad de elegir al jugador de College que más te conviene en el siguiente Draft, lo que significa que los equipos campeones o mejor posicionados tendrán que elegir después.

Ahí es justo donde entran las transacciones, que, cabe mencionar, no cualquiera domina a la perfección. No es cosa sencilla cuadrar salarios año tras año y al mismo tiempo, renovar a tus estrellas con mejora de sueldos. Por supuesto, hemos visto todo tipo de “robos” en cambios que se han hecho a lo largo de la historia, por lo que el arte de saber vender a tus jugadores como oro molido es una virtud que sólo pocos la tienen, siendo Danny Ainge, un gran ejemplo de ello.

Para explicar el por qué pienso que Ainge es un “crack” en esto, tenemos que trasladarnos a los años ochentas, donde la dinastía de los Celtics de Larry Bird empezaba a envejecer y escogían en el Draft a Len Bias, que dicen los que lo vieron jugar en College, podría ser quien llegara a dar pelea a un tal Michael Jordan. La historia ya es de muchos conocida y Bias moría por una sobredosis dos días después, precisamente celebrando. Eso marcó un antes y un después en la franquicia. Los Celtics pasaron de tener un futuro brillante a corto plazo a tener resultados que se estaban quedando cortos para la historia de ese equipo.

Los noventas y primeros años de la década pasada fueron años para olvidar, los Celtics deambulaban entre quedar fuera de play-offs o ser eliminados en las primeras instancias. La contratación de un viejo conocido como Gerente General generaba entusiasmo y escepticismo pero al mismo tiempo, Paul Pierce, quien era el ídolo del momento, estaba cansado de tirar a la basura las temporadas aún antes sin empezarlas.

Y si, los primeros años no fueron sencillos. De hecho, algunas discusiones con leyendas Celtics y traspasos de jugadores queridos por la afición como Antoine Walker, hacían pensar que “Trader Dan” no duraría mucho en el cargo. La afición, por un momento se dividía y había quienes apoyaban a muerte a Danny mientras que otros pedían su renuncia.

El 2007 sería un antes y un después para los Celtics y su General Manager. Después de tener una temporada mediocre, Ainge se consagró creando su propio Big Three con Pierce y dos estrellas perfectamente consagradas: Ray Allen y Kevin Garnett. Los resultados: inmediatos. Más de 60 victorias en la temporada y en junio de 2008 los Celtics se proclamaban campeones justamente contra los Lakers.

El presente era color de rosa, pero el tiempo no perdonaba y en menos de dos temporadas, el liderazgo y las virtudes de LeBron James empezaban a superar a la veteranía de esos Celtics, por lo que Ainge, pensando a largo plazo, y conocedor de que había dado el campeonato tan anhelado, tomó la riesgosa decisión de hacer una limpia en la organización, precisamente vendiendo a sus veteranos como oro (y obvio, siempre hay quien cae en la trampa -En este caso, los Nets-) y empezó con un equipo joven, no sin antes, elegir a la que a mi gusto, fue la mejor contratación de los Celtics: Brad Stevens, el creador de esa generación de Butler que a punto estuvo de consagrarse campeón de la NCAA en dos ocasiones.

Pocos son los que tienen el valor de prácticamente desmantelar un equipo e iniciar un proyecto a largo plazo, pero son esos pocos los que pueden crear franquicias ganadoras. Sirve de ejemplo los 76ers, que tienen años seleccionando los mejores jugadores de NCAA y aún siguen navegando en las últimas posiciones de la NBA. Caso diferente el de Ainge,  que aún con lo peligroso de dicha decisión, tiene a unos jóvenes Celtics constantemente en play-offs quedándose cerca de volver a la cúspide.  

En la actualidad, los Celtics acaban de terminar la presente temporada cayendo con los Cavaliers en finales de conferencia.

Pero el presente no es lo más brillante del equipo. Los Celtics además cuentan la primer selección global del próximo Draft y con un puñado de segundas rondas para el Draft del próximo año gracias a los Nets. Se preguntarán ¿cómo puede un equipo con buenos resultados tener una selección tan alta? La respuesta es sencilla: Se combina precisamente lo que una franquicia no debe hacer con una que sí tiene ruta de trabajo definida y sobre todo, la palabra clave: paciencia. De hecho. Se antoja un poco difícil la comparación, pero quizá la única franquicia que se me viene a la mente que se encuentre con un equipo joven y futuro prometedor son los Titans en la NFL.

Hace algunos días, cuando se acercaba la fecha límite para cambios, leí una entrevista que le hicieron a Danny. No dejó de sorprenderme cuando mostró mesura comentando que no convenía ningún cambio para el equipo. A pesar de todos los rumores que hubo, mencionó claramente que el equipo, aún agregando figuras consagradas como Paul George o Jimmy Butler a cambio de sus selecciones de Draft, aún no se encontraría con las armas suficientes para competirle de tú a tú a Cleveland o a Golden State, lo que habla de su tranquilidad para seguir con un plan que, a largo plazo, estoy seguro dará resultados a la organización y a su fiel afición. En su momento, el tiempo no perdonó y envejeció al Big Three de los Celtics, lo que nos hace pensar que tarde o temprano, el mismo LeBron que superó a los verdes será quien se verá superado por otros jugadores más jóvenes y dinámicos.

Veremos si Ainge toma alguna decisión antes del 22 de junio, cuando se celebre el Draft en el Barclays Center de New Jersey. La prensa está dividida y hay quienes piensan que es el momento oportuno para cambiar el pick 1 (llámese Markelle Fultz) y unos cuantos jugadores por una súper estrella. Hay otros más mesurados que piensan que Ainge debe seguir por el mismo camino y seguir formando un equipo joven que de pelea por muchos años más.

Por lo pronto, Danny Ainge se encuentra en una situación envidiada por los otros 29 gerentes generales y en las próximas temporadas sabremos si su trabajo realmente rindió frutos. A nosotros sólo nos queda disfrutar de este equipo y usar como ejemplo a Danny para cuando nosotros los terrenales juguemos al PlayStation.

Imagen tomada de www.bostonglobe.com

Por: Redacción

 

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