Mexicanos en Europa… ¿Qué tanto influye en la selección?

Jugar en Europa y jugar en la selección.

A propósito del 5 de julio… pero de 1994.

Mi primer tristeza generada por el bendito fútbol, en mis casi 30 años de edad. ¿Cómo olvidar esa tarde en la que, siendo “locales”, la selección mexicana salía derrotada por la maldita tanda de penales ante Bulgaria en East Rutherford?

Recuerdo que el equipo estaba formado por once guerreros que venían de sobreponerse de un grupo formado con tres naciones europeas, incluso perdiendo el primer partido. Quizá no eran los más talentosos, pero el simple hecho de quedar primero de grupo ante Noruega, Irlanda e Italia, los convertía en héroes en ese momento.

Con esa eliminación, quedaba mucho por mejorar si queríamos hacer un mejor papel en una Copa del Mundo. La solución más lógica giraba entorno al nivel de nuestros jugadores. La ausencia de representantes mexicanos en el fútbol del viejo continente era notoria, por lo que tener “legionarios” en Europa que se pudieran “foguear” a un mejor nivel, podía ser una solución a corto plazo.

Sin embargo, para Francia 98 nada cambió. Alemania nos eliminó en octavos de final y, salvo Germán Villa, quien fichó por el Espanyol ese mismo año, los jugadores seguían cómodos (y muy bien pagados) en México, por lo que un cambio de aires podía ser un riesgo innecesario. Muchos tenían el nivel para estar “rompiéndola” en Europa pero por alguna razón, no se iban.

Llegó Corea-Japón 2002. México contaba ya con Gerardo Torrado, Francisco Palencia y Cuauhtémoc Blanco jugando en España. A pesar de obtener los mismos resultados, México se vio como equipo grande y superó con creces la fase de grupos eliminando a Ecuador y Croacia (semifinalista del Mundial anterior) y teniendo contra las cuerdas a la Italia de Totti y Del Piero quienes al final, salieron vivos. Recuerdo la reaccion de todos nosotros al ver el cruce de los octavos de final. Felices, gritábamos a los cuatros vientos que por fin, el destino nos tenía preparado una sorpresa más dulce, ya que nos tocaba enfrentar a uno de nuestros “clientes” favoritos, aunque el resultado ya todos lo conocemos. Las derrotas anteriores con Bulgaria y Alemania quedaban en el pasado y esa derrota contra Estados Unidos se convertía en una herida que para muchos, no va cicatrizar hasta que nos volvamos a ver las caras en otro Mundial.

A pesar de aún seguir buscando explicaciones a esa derrota, el avance fue notorio. El nivel desplegado por el cuadro dirigido por Javier Aguirre fue sobresaliente y, en mi humilde opinión, sólo la salida de Ramón Morales ante el “Team USA” nos impidió jugar el ansiado quinto partido (no incluyo la roja de Márquez, ya que el juego parecía definido).

Los años venideros fueron prometedores. La llegada de Ricardo La Volpe imprimía un mejor estilo de juego en la selección y los jugadores empezaban a llamar la atención de los visores europeos. Para el Mundial de Alemania 2006, únicamente se contaba con 3 jugadores en Europa, pero el gran nivel mostrado por la selección que calificó “caminando” llamaría la atención y para Sudáfrica 2010 ya tendríamos a 9 legionarios en Europa.

Lo preocupante llegó precisamente en ese Mundial.

Con un nivel (un tanto) irregular en la fase de grupos, esa selección mexicana no dejaba de prometer como nunca antes. Los campeones mundiales sub17 estaban en proceso de madurez, aunque com un nivel óptimo para una competencia de alto nivel (Héctor Moreno, Giovani dos Santos, Efraín Juárez y Carlos Vela) y la selección contaba con una defensa meramente europea: Rafael Márquez, Maza Rodríguez, Carlos Salcido y Ricardo Osorio. Además, Andrés Guardado, quien fue la revelación mexicana del Mundial anterior, comenzaba a trazar su propio camino en Europa con el Depor.

Dejando por un lado la estrategia implementada (y a la postre, criticada) por Aguirre, esa selección tuvo el mismo desempeño que las otras: Octavos de final y otra vez más a casa.

Con tanto jugador en Europa, las expectativas eran muy altas. El hecho de estar en un Grupo con Francia, Uruguay y el anfitrión Sudáfrica, no impedía que esa selección nos hiciera soñar. Hablar del quinto partido se convertía en -casi- una obligación, aún teniendo en la mira un posible cruce con Argentina en octavos de final.

El mote de “ratones verdes” parecería que podía desaparecer gracias a un argumento (para entonces) válido de tener a varios jugadores compitiendo fuera. Nunca antes se había tenido a tantos jugadores representando a México en el exterior. Además de eso, no solamente jugaban en Europa, sino lo hacían en las mejores ligas del mundo. Por otro lado, los errores del pasado parecían una experiencia que habian servido para crecer.

Por primera vez en mucho tiempo, se utilizaba la frase “generación dorada” por lo que, no solamente se hablaba del quinto partido, sino mucho más. En pocas palabras, después de ese gran Mundial en Alemania 2006, la selección llegaba a una Copa del Mundo sin un techo fijo y se soñaba con un quinto partido y mucho más, aunque la realidad fue otra: México caía estrepitosamente con Argentina, en un juego donde nunca se le pudo pelear al gigante sudamericano. Ironía de la vida, pero 4 años antes, se había estado a punto de eliminar a Argentina con un cuadro prácticamente local y ahora, cuando mejor preparados se estaba, no metimos ni las manos. Hablar del mal arbitraje sería únicamente una excusa barata y desgastada, la cual, personalmente, odio.

Ahora, si bien ese Mundial pudo ser una simple “mala casualidad”, Brasil 2014 fue prácticamente lo mismo… O peor.

El camino a Brasil estuvo lleno de tropiezos. En menos de 8 años, se pasó de calificar “caminando” a, prácticamente, suplicar a nuestros históricos rivales que anotaran un gol, ante la falta de acierto del conjunto azteca. El conjunto tricolor contaba con alrededor de una decena de jugadores en el viejo continente y, contrariamente a lo que se pensaba, se sufrió (y mucho) para llegar a Brasil y se tuvo que llamar a Miguel Herrera, quien fungió como bombero y devolvió las esperanzas a la afición mexicana.

Ya dentro del Mundial, lo mismo. La relación entre los términos “Octavos de final” y “situación fuera de lo común” seguían teniendo el mismo denominador: La eliminación. Si en USA 94 fueron los penales, en Francia 98 fueron dos errores, a falta de 20 minutos, de Lara. De igual forma, en Corea 2002 fue el cambio del “Matador” por “Ramoncito” y en Alemania 2006 fue el gol de Maxi. En Sudáfrica 2010 fue la inclusión del “Bofo” en el once titular, y ahora, en Brasil, el “No era penal” de Robben. ¿Casualidad o destino?

Y es que pareciera que hay selecciones que, aún jugando mal, siempre van a ganar. Ahí está Italia, quienes históricamente no han desplegado un fútbol vistoso y tienen en su haber 4 Copas del Mundo, a pesar de únicamente haber ganado una Euro. También pareciera que México, por muy bien que juegue, solamente puede aspirar a jugar 360 minutos en un Mundial y no más.

Pero no es así, y ya lo demostraron selecciones como España, Uruguay y Chile, que aunque tienen (o tuvieron) planteles mucho más completos que el mexicano, vivían una situación muy similar a la nuestra y dieron el “estirón” definitivo hace no mucho tiempo. Por ejemplo, salvo una Euro ganada hace muchísimos años, España tenía casi el mismo palmarés que México hace 10 años. Ni se diga Uruguay, que salvo dos Copas del Mundo que ni mi papá vio, tenía mucho tiempo deambulando entre el “prometer” y el “cumplir”. ¿Chile? Un tercer lugar siendo anfitriones hace 55 años y párenle de contar.

Sé, de antemano, que nunca hemos tenido a media plantilla del Barcelona con la camiseta verde. También se que no tenemos un Cavani o Suárez en la delantera. Mucho menos un Claudio Bravo, Arturo Vidal o Alexis Sánchez en nuestro once titular. Pero, aún jugando en las mismas ligas, ¿A caso es tanta la diferencia entre un jugador top y uno común y corriente?

Yo creo que si. Y más hablando de los apellidos que estoy mencionando. Pienso que existe una ENORME diferencia entre jugar en Europa y ser figura en Europa, y desde mi humilde punto de vista, sólo Hugo Sánchez y Rafa Márquez han sido figuras en Europa, mientras que el resto de jugadores, sin demeritar sus envidiables carreras, han sido jugadores destacados pero un escaloncito abajo de los Cavani y Alexis.

Dicho esto, pienso que pudiéramos tener muchísimos jugadores en España, Inglaterra o Italia, pero la clave será siempre que no nomas jueguen, sino que también destaquen. De lo contrario, el nivel de la selección difícilmente mejorará.

Añadiendo a esto, creo que a nosotros, los mexicanos, nos fascina jugar a los extremos. Mientras algunos alabamos a Chicharito como si fuera el mejor 9 del mundo, otros decimos que es un tronco con suerte. Mismo caso con Raúl Jiménez y Ochoa, quienes, salvo los americanistas, son criticados por casi toda la afición mexicana, prácticamente cada convocatoria. El motivo: No nos quitamos la camiseta del club para ponernos la que une a todos: la verde.

No somos capaces de destacar el grato nivel de juego de Ochoa sin ponerlo a la altura de Keylor Navas o del mismo Claudio Bravo. No podemos resaltar los logros del Chicharito sin tirar una frase de “si metiera todas las que tiene, otra cosa sería”. Presumimos de la gran carrera en Europa de Carlos Vela, aunque no nos damos cuenta de su constante irregularidad que lo hizo alejarse de ese selecto grupo de jugadores top, aún teniendo una técnica exquisita.

Así mismo, nos fascina menospreciar a los oponentes cuando en realidad, son de igual o mejor nivel que nuestro once. Claro ejemplo la ya famosa “Alemania “B”, que según muchos aficionados, era factible vencer. En la plantilla del, hoy ganador de la Copa Confederaciones, no había ningún jugador con apellido Muller, Ozil o Reus, por lo que nuestra lógica decía que serían “pan comido”. Vaya sorpresa nos dimos cuando muchos de nosotros conocimos a un tal Leon Gortezka, un tal Julian Draxler y otro “delanterillo” llamado Timo Werner, jugador nacido en 1996 y quien “únicamente” anotó 21 goles con un equipo recién ascendido la pasada temporada en la misma Bundesliga donde, nuestra figura, el Chicharito, anotó sólo 11.

Además, no solamente menospreciamos a los rivales, sino que también cada 4 años nos ponemos, como objetivo mínimo, jugar el quinto partido. Todo lo que sea diferente a eso ya es desgracia y decepción. Y si analizamos, no es poca cosa, ya que estar en cuartos de final implica ser de las 8 mejores selecciones del mundo, algo que, a mi gusto, NO somos en este momento y, forzosamente, quizá lo hemos llegado a ser en una o dos ocasiones.

Por otro lado, soy de los que piensan que, ante la falta de interés o gusto por ver el futbol extranjero, confiamos en lo que escuchamos en la televisión, quienes tristemente se encargan de criticar todo lo hecho o dejado de hacer por los jugadores mexicanos y lo transforman en noticias a su modo. La falta de responsabilidad de los comunicadores es una tendencia espantosa dentro del deporte y el mundo en general. Hoy la prensa se dedica a publicar lo que venda y no lo que realmente importa, razón contundente para que la afición, muchas veces juzgue el desempeño de una selección sin realmente voltear a ver el mundo exterior y ver si lo logrado realmente es un fracaso. Está de más decir que muchos periodistas ni siquiera se toman la delicadeza de estudiar lo que van a hablar o ¿En verdad imaginan a José Ramón Fernández viendo un RB Leipzig-Eintracht? ¿Creen ustedes que el “Perro” Bermúdez se “chuta” un Granada-Eibar? Ambos son patrimonio dentro del periodismo deportivo e ídolos para muchos de nosotros, pero desde hace muchísimo tiempo que dedican su día a día a cosas más importantes para ellos. Así que, si la prensa dice que México jugó mal y decepcionó en algún torneo, como por arte de magia, la mayoría de la afición saldrá a la calle diciendo lo mismo, incluso haciéndolo tendencia en redes sociales. Claro ejemplo es esta pasada Copa Confederaciones, donde, a pesar del bajo nivel mostrado por el tri, se “decepcionó” con un meritorio cuarto lugar, sólo superados por Alemania, Chile y Portugal, quienes son los actuales campeones del Mundo, de CONMEBOL y de la UEFA, respectivamente (¿Realmente eso es decepción?).

Ha quedado claro que jugar en Europa no es sinónimo de éxito para la selección. Esta temporada que está por comenzar, tendremos a 20 representantes en las mejores ligas de Europa, sin tomar en cuenta algunas ligas “bizarras” como la armenia y griega, donde tenemos representantes desde hace tiempo. Sin embargo, hay un factor a tomar en cuenta que es sumamente importante y no se ha mencionado mucho: El hecho de jugar lejos implica una falta de química a la hora de jugar un partido oficial. Antes era común que las convocatorias se basaran con jugadores de la Liga MX y sólo venían en fechas FIFA los 3 o 4 jugadores que estaban en el extranjero, por lo que las selecciones se mostraban con más ritmo de juego y mucho más conjuntadas.

Hoy es al revés. Para una fecha FIFA tienen que viajar entre 10 y 12 jugadores para concentrarse con otros tantos y, en cuestión de días, ajustarse a las indicaciones del entrenador. Peor aún, el Estadio Azteca ha dejado de pesar precisamente por que los jugadores ya no están acostumbrados a la altura de la CDMX y son ahora los mismos jugadores de México los que son “visitantes” cuando se juega en el Coloso de Santa Úrsula debido a ese hándicap.

Finalmente, he dejado muy en claro que soy de los que creen ciegamente en los procesos. Me hubiera gustado que la prensa respetara el proceso de La Volpe y no fueran tan críticos con él. Me hubiera gustado también que no se metieran en la vida privada del “Piojo” y lo hubieran dejado trabajar. Entiendo que las reacciones y el carácter que tiene el actual entrenador del América no son de lo mejor, pero esas provocaciones son precisamente lo que la prensa “deportiva” ama ofrecer al público con tal de vender.

No somos Alemania, pero creo que son el espejo donde quisiéramos mirarnos. Como recordaremos, bajo el mando de Joachim Low, son los campeones del mundo, campeones de la Confederaciones y campeones de Europa sub 21, pero para eso, tuvieron que sudar y perder varias semifinales e incluso una final de una Euro. Creo que, aún teniendo a 100 jugadores mexicanos en Europa, nunca vamos a trascender si no se respeta un proceso largo, con paciencia, donde la prensa respete y deje trabajar al entrenador y cuerpo técnico. Donde no vendan humo diciendo que México está para ganar el Mundial y donde no se acabe el mundo cuando se pierda en Costa Rica o se empate, como locales, ante Estados Unidos. Al final del día, no tenemos a un Cristiano Ronaldo o a un Lionel Messi dentro de nuestro país, por lo que se debe ser muy congruente y formar un equipo competitivo en base a eso, un juego de conjunto. No está de más decir que se debe echar un ojo a las figuras de la Liga MX sin demeritar que no estén en Europa. Pareciera que firmar con un equipo en el extranjero te da, inmediatamente, un ticket para estar en cada convocatoria dentro del once titular. En el presente, no veo mucha diferencia entre un Luis Reyes y un Miguel Layún. Tampoco veo mucha diferencia entre el actual Héctor Herrera y Orbelín Pineda. Ni se diga del nivel mostrado por Rodolfo Pizarro, quien no juega en Europa, pero seguro lo hará en un futuro muy cercano y de Javier Aquino, quien curiosamente está mostrando su mejor nivel después de regresar de Europa.

Como dato extra, quisiera recordarles que somos, junto a Brasil y Alemania (y algún otro país que posiblemente se me escape), las únicas selecciones que han llegado a octavos de final en los últimos seis mundiales, lo que significa que tenemos 23 años dentro de las mejores 16 selecciones del mundo. Estadística acorde a lo que realmente somos.

Imágenes tomadas de:

 www.espnfc.com, www.si.comwww.vanguardia.com.mxwww.dominio.fmwww.futbolsapiens.com, www.terra.com.mx

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